21 ene. 2009

notas de prensa, Perú 21- 13 de enero 2009 “Lo mágico de esta obra es que la gente se puso a reciclar”

Entrevista con José gabriel Chueca de Perú21
“Lo mágico de esta obra es que la gente se puso a reciclar”


Un millón de tapitas de plástico para una escultura que presentará la próxima semana en el parque Salazar es lo que ha reunido el artista Víctor Castro. Con el apoyo de diversas instituciones y de mucha gente, le pone belleza y salud al planeta. Más datos en soy-un-recolector.blogspot.com

Autor: José Gabriel Chueca


"Cuando me incliné por el arte, al principio no le gustó a mi familia. Sin embargo, después se dieron cuenta de que me divertía y me dejaron. Estando en la universidad, hice una performance que salió en el periódico y, con eso, mi mamá ya creyó que podía funcionar, recuerda. Conversamos en el parque Salazar, en Miraflores.

¿Qué performance fue esa?
Hacíamos performances cada semestre para... joder, para llamar la atención. Esa vez llamamos la atención sobre unos jardines que los estudiantes de la universidad usaban como ceniceros. A los niños ricos les divertía quemar las hojas. Lo que hice fue vestirme como planta y hacer unas colillas de cigarros gigantes y tirárselas a la gente. Y eso atrajo la atención de la prensa.

¿Cuándo y cómo empezó a recolectar cosas?
En España, en Valladolid, donde me fui con una beca. La forma en que me afecta estar en un lugar nuevo y diferente me interesa mucho. Hay cosas nuevas, cosas que uno no conocía. Por ejemplo, allá comía mucho atún y las latas eran chiquitas, no como las de aquí, que son grandes, y eran ¡doradas! En vez de botarlas, las lavaba y las ponía en mi librero. Y en la calle –entre las piedras, Valladolid es una calle con muchas calles empedradas– había unas varillitas de fierro, medio oxidadas. También me puse a recolectarlas. Mis amigos me preguntaban por qué las juntaba y yo decía que no sabía, que podían servir para algo. Y, así, ellos empezaron a juntarlas y a entregármelas. Así nació mi primera red recolectora.

¿Qué eran esas piezas?
Lo supe antes de irme. Eran las cerdas de los cepillos de estas máquinas barredoras que se usan para limpiar las calles y que se quedaban atracadas entre las piedras. Empecé a usarlas para hacer dibujos tridimensionales. Me puse a dibujar cigüeñas. La ciudad estaba plagada de estas aves, que son enormes. Bien lindo.

¿Cómo llegó al Perú?
En España conocí a mi esposa, que es peruana. Nos fuimos primero a Madrid y, en 2004, decidimos venir al Perú.

Dígame, ¿en qué consiste su proyecto actual?
Primero empecé a reunir latas, para mi primera muestra en Lima. Al final de eso, me llamaron la atención las tapitas de plástico. Como ya había formado redes de amigos que me ayudan recolectando cosas, simplemente les dije que ahora juntaba tapitas. Hay mucha gente a la que le gusta formar parte de esta cosa. Puede parecer absurdo y que, al final, solo sirva para verlo y decir “qué loco”. Pero las personas se sienten parte de este objetivo.

¿Quiénes lo han ayudado?
Mucha gente, muchas familias y colegios, que antes me habían ayudado a recolectar latas, pasaron a ayudarme a recoger las tapitas. Y todos estos colaboradores son parte del proceso, que es parte de la pieza que construyo. Es más, la obra es el proceso. Por esa razón abrí el blog (soy-un-recolector.blogspot.com), para que la gente viera lo que estaba haciendo. Un socio importante que encontré es el Movimiento Nacional de Recicladores del Perú, que también me ha ayudado con las tapitas.

¿Lo hace para reciclar?
Lo mágico, que nunca planeé y que la gente detecta, es “oye, estamos reciclando”. Las personas han comenzado a clasificar la basura e, inclusive, a compactarla. Yo les digo que si no tienen tiempo de llevarla al supermercado, pueden dejarla separada en otra bolsa con el resto de la basura. Los que recogen la basura harán el resto. Es como si uno ayudara con el trabajo. Lo otro es que ellos reciclan porque yo no reciclo. Yo uso otra vez las tapas.

¿Cómo se llama la obra que presentará la próxima semana en el parque Salazar, en Miraflores?
La obra se llama 121 contenedores. Son 121 módulos de vidrio, de 121 centímetros de altura, cada uno con 7,700 tapitas, aproximadamente. Es una escultura social porque unió a mucha gente. ¿Componente estético? La cantidad en sí ya es una cualidad, ya es impactante. Pero también hay belleza en el objeto. Me gustaría que la gente piense, al ver estas tapitas, en la cantidad de aire que hay en cada respectiva botella. Al final, lo que busco, sobre todo en el espectador, es que empiecen a decir monosílabos: “¡Ah!”, “¡oh!”, “¡uh!”.

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