



Aquí las fotos que Ariadna M. nos envía, Ariadna además formó parte del equipo de montaje, mil gracias por tu apoyo en todo este tiempo.




Texto: Sofía Pichihua
Fotos: José Luis Contreras
Víctor Castro, Vanessa Vereau y Manuel Masías
Una escultura social nombrada “121 contenedores” es lo que Victor Castro, joven escultor mexicano, presentó el 19 de enero durante la puesta de sol ante decenas de curiosos en el Parque Salazar.
Victor no está completamente seguro de cuántas tapitas de botellas hay, sin embargo, calcula que cada contenedor de 121 centímetros de altura tiene más de 7 mil chapitas. En su breve discurso durante la inauguración de su obra muestra un profundo agradecimiento a sus amigos recolectores y a las autoridades peruanas que han apoyado este proyecto.
El acto tuvo un toque formal ya que el alcalde de Miraflores, Manuel Masías, la viceministra de Desarrollo Estratégico de Recursos Naturales, Vanessa Vereau y el creador de la escultura fueron los encargados para el ‘corte del lazo inaugural’ de la exposición.
UNA LARGA ESPERA
Victor cuenta que “todo mundo fue muy dispuesto a participar” debido que instituciones y personas de todas las edades se acercaron en algún momento a este artista en sus jornadas sabatinas de recolección desde dos años atrás en el parque Kennedy de Miraflores.
Una ‘escultura social’ tiene un sentido profundo ya que busca y necesita de la interacción de las personas. El llamado de Victor en su campaña “Soy un recolector” fue escuchado por incontables personas. La esposa de Victor, Giuliana Borea, considera la importancia de cómo “gente anónima han ido cooperando en un proyecto” del que formaron parte esencial hasta su culminación.
La unión buscando lograr un mismo objetivo es lo que forman redes sociales. Vanessa Vereau destacó la paciencia de Victor, pero no dejó de resaltar la larga espera -lo que le hizo pensar que “tenemos mucho por hacer en cuanto cultura ambiental se trata”.
Mientras tanto, el burgomaestre miraflorino considera que gracias a la voluntad de Victor Castro y la colaboración de muchas personas se ha podido lograr algo que “es mucho más que una obra de arte”.
VOLUNTAD PARA CAMBIAR
“Desde el arte se puede trabajar a favor de la protección del entorno” exclama Victor Castro, motivando la participación de todos en más proyectos como este.
“Se imaginan esa cantidad de botellas -que acompañan esas chapitas- chorreadas en el piso, probablemente tendríamos en lugar de esa hermosa escultura, un gran cerro y cúmulo de basura”, explica Vereau en representación del ministro del Ambiente, Antonio Brack Egg, quien apoyó el proyecto pero no se hizo presente en el evento. De igual forma, no hubo un representante de Clima de Cambios, campaña por iniciativa de la PUCP, sin embargo, sabemos que colaboró con la idea de Victor Castro.
La realidad nos muestra que ignoramos o no queremos escuchar consejos que son importantísimos para vivir en un ambiente saludable y seguro. Asimismo, según Masías lo que busca este trabajo es “despertar en nosotros esa conciencia de conservación”.
+ BREVE PERFIL DEL ESCULTOR
Mexicano. Cuenta en una entrevista a Perú.21 que su red recolectora inició en un viaje a España, una tierra desconocida para él en ese momento, donde agarró costumbre de guardar latas de atún sin saber la razón hasta que le encontró sentido al pensar en armar una escultura con esas piezas. Se casó con una peruana que conoció en el país conquistador y viajó al Perú para hacer una obra similar, luego terminó juntando chapitas. Tiene un blog llamado “Soy un recolector” mediante el cual promovía su proyecto.
Alberto Revoredo de El Comercio
ENTREVISTA. Víctor Castro
Por Alberto Revoredo
En el diálogo con el artista Víctor Castro, en una banca del parque Salazar, hubo que detener la grabadora más de una vez. Atrás estaba su escultura: 121 contenedores de vidrio, de 121 centímetros de altura, rellenado con tapas de botellas de plástico. Enfrente, un conocido hotel. Precisamente de este edificio vendría la más singular de estas interrupciones: el portero de aquel lujoso alojamiento, ataviado en un impecable traje solicitaba, deteniendo amablemente la entrevista, que al culminar esta el artista se acercara al hotel, pues alrededor de 60 curiosos huéspedes estaban preguntando por esas piezas que se erguían frente a Larcomar. "Acabas de ver lo más increíble de esta obra. El proceso participativo es lo fundamental, el resultado es solamente un símbolo, una memoria, un documento, un testigo de algo que ya pasó. Esta es una experiencia de miles de personas", recalca Víctor tras acceder a la petición del conserje.
Primero fueron latas y ahora botellas...
En realidad todo empezó en España con las varillas de las máquinas barredoras de calles. Yo viajé allá a hacer un máster. Llegué a un entorno distinto, totalmente diferente a lo que yo estaba habituado. Eso te hace ver las cosas de otra manera. Con el tiempo fui domesticando e incorporando esos procesos, así aparece la primera recolección, pero además la primera red recolectora, porque mis compañeros del máster empezaron a ver algo que no habían visto. Entonces, como sabían que me gustaba, nada les costaba agacharse y recoger un poco de varillas para traérmelas. Eso los involucraba en el proceso.
¿Varía mucho la basura según el país?
Sí, cada país tiene desperdicios distintos y cada cultura tiene una manera de botar las cosas. Acá botan de todo a las calles, pero a la vez hay mucha gente que está buscando de todo. Hay competencia, y yo soy un amateur. Hay profesionales, gente que su vida entera gira en torno a la recolección. Los cachineros son una institución que yo respeto mucho. En España ves contenedores con muebles y cosas, y hay gente que las busca, pero no es un negocio.
Pero el objetivo de este proyecto, al margen del tema ecológico, es una cuestión meramente artística...
Claro, mi principal objetivo es la escultura. Lo que vino después no dependió de mí, sino de la gente. Y si la gente ve otra cosa en mi trabajo, pues qué fabuloso. Fue algo que noté a través de los niños y luego lo reflexioné y perfeccioné de alguna manera.
Reciclador es una palabra que no te gusta...
No soy un reciclador. Reciclar es transformar y las transformaciones de estos materiales son mínimas. Los materiales que estamos desechando como sociedad tienen características formales muy potentes. Sin hacerles nada, solamente cambiando las posibilidades de combinación, tienes un infinito de posibilidades. Por otro lado, si a los niños de los colegios que me han ayudado a recolectar las tapas les digo: vamos a jugar a hacer una escultura, y en el camino se dan cuenta de los pasos simples que se necesitan para separar su basura (aplastando las botellas para que ocupen menos espacio) y hacer algo más con ella, y además descubren que están reciclando, es mejor que eso salga de su parte y no de la mía. De esa forma la incorporación del concepto, la asimilación de la actitud, es más simple, más penetrante, además de divertida.
¿Esto tiene que ver con la estética relacional de la que hablaba Gustavo Buntinx, cuando participaste en una de las propuestas de Micromuseo?
Sí, esa es una teoría del arte contemporáneo que habla de la mezcla de distintas disciplinas, y entonces, desde el arte podemos estar hablando de ecología o medio ambiente, y provocando reacciones. Si realizas un proceso tan simple como separar esas botellas, va a venir un recolector (mi competencia), y en vez de tener que meter las manos a la bolsa, romperla y ensuciar todo, va a encontrar un tesoro. ¿Imagínate que llegues el lunes a tu oficina y la mitad de tu trabajo esté hecho? ¿Qué sentirías? Los recicladores viven de eso; es un trabajo digno, y nosotros podemos ayudarlos a que su trabajo sea más fácil.
Como en "No Fear", que presentaste en Vértice, se mantienen conceptos como transparencia y repetición, ¿a qué se debe?
A la música que escucho. Yo tengo una fascinación por Philip Glass, que es un músico minimalista. Y el minimalismo como movimiento artístico escultórico es algo que me fascina. Tengo esos referentes, aunque mi trabajo termina siendo también un poco barroco. Música repetitiva y acciones repetitivas te llevan a un estado de reflexión o trance. De allí salen productos como dices tú, que son secuencias repetitivas.
¿Qué viene?
Hay un par de proyectos más de este carácter, pero no quiero encasillarme ni quiero que me encasillen allí por una conveniencia. Lo más importante es concentrarme en preparar mi exposición para Lucía de la Puente en marzo. Es probable que tenga que ver con materiales reciclados, pero nada que ver con tapas (risas).
MÁS INFORMACIÓN
Inauguración: Lunes 19 de enero, a las 6:00 p.m. dónde: Parque Salazar (Larcomar).
PERFIL
NOMBRE: Víctor Castro
NACIONALIDAD: Mexicana
TRAYECTORIA: Castro tiene una maestría en Arte con especialidad en Educación y un máster en Museología en la Universidad de Valladolid. Para realizar la escultura que presentará en Larcomar hizo una campaña que involucró a amigos, vecinos, niños y público en general (toda una red recolectora), quienes le cedieron tapas de botellas de plástico. Con ellas rellenó los contenedores que ha dispuesto en el parque Salazar de MIiraflores.